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La planta mágica

 

Muestra de productos derivados del cannabis
Muestra de productos derivados del cannabis

“En cinco o diez años, todo el Cono Sur estará sembrado de cáñamo”.

Fabrizio Giamberini, fundador de The Latin American Hemp Trading

“América se descubrió gracias al cáñamo”.  Así comienza el periodista uruguayo Guillermo Garat su libro Marihuana y otras yerbas, un ensayo sobre la prohibición y regulación del cannabis en Uruguay a lo largo de diferentes épocas. La planta del cáñamo, a partir de la cual se elaboraban, entre otros productos, las cuerdas de las velas de los primeros barcos que llegaron al Nuevo Mundo, fue condenada siglos después al ostracismo por su asociación con una droga fuertemente perseguida por leyes prohibicionistas: la marihuana.

Con la entrada en vigor de la ley que regula la producción y distribución de cannabis en Uruguay, no sólo se legisla acerca del consumo recreativo de marihuana: también se abre la puerta a la recuperación del cultivo de la planta del cáñamo, un nuevo filón para una industria casi tan antigua como el mundo.

Replanteo

Corría el año 2006. Uruguay vivía el segundo año de gobierno del Frente Amplio, tras la histórica victoria electoral de Tabaré Vázquez, que puso fin a la alternancia de los dos partidos tradicionales que hasta entonces se habían disputado el poder en el país. El gobierno de izquierdas auguraba cambios, pero todavía en aquel entonces la liberalización del cultivo de marihuana se antojaba un ideal remoto, representado por los movimientos sociales, pero alejado aún de la agenda política.

Fue en aquel año cuando Fabrizio Giamberini, un empresario uruguayo interesado en los usos industriales del cáñamo, obtuvo la autorización del Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias de Uruguay (INIA) para instalar la primera plantación experimental de cannabis  del país.

No era una tarea fácil ya que, en aquel momento, la legislación uruguaya no distinguía entre los diferentes tipos de cannabis. “Las plantas que emplea la industria del cáñamo son variedades sin THC (tetrahidrocannabinol). Se obtienen mediante cruzas de diferentes genéticas de la planta, que por un proceso de selección natural derivan en plantas no psicoactivas”, puntualiza el empresario.

Para convencer al Estado uruguayo de que el cannabis tenía usos distintos al recreativo, y de que la planta por sí sola no constituía una droga, Giamberini se reunió con agentes políticos para promover diferentes protocolos que generasen un cambio legal. Si se quería crear un mercado del cáñamo en Uruguay, era necesario obtener “variedades de cannabis industrial certificadas”, y establecer “mecanismos de control y muestreo” para garantizar que las plantas no fuesen destinadas al mercado de la droga.

En mitad de este proceso, Giamberini se encontró con una realidad inesperada: los movimientos a favor de la legalización del cultivo de marihuana comenzaban a ganar fuerza. Las manifestaciones públicas pidiendo un cambio de rumbo en la legislación sobre el cannabis eran cada vez más frecuentes y numerosas, y el poder político parecía dispuesto a escuchar las reivindicaciones. Era el caldo de cultivo de un proyecto de ley que acabaría germinando en el invierno de 2013.

El viento soplaba a favor, y el visionario Giamberini se decidió a crear la primera empresa especializada en el cultivo de cáñamo con fines industriales en toda Sudamérica: The Latin America Hemp Trading (The LAHT), una compañía pionera en el sector y radicada en Uruguay.

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